lunes, 29 de septiembre de 2008

En Extremadura aún estamos a tiempo. Cuando las barbas de tu vecino veas pelar...

Hemos encontrado este interesante artículo sobre la política industrial y sus consecuencias en Zamora. Podríamos hablar de la situación actual de Extremadura, que afortunadamente está a tiempo de parar esta vorágine. Que luego nadie diga que no avisamos.

Uno de los problemas fundamentales que tenemos, y que parece no que le damos importancia, es la depredación energética que sufrimos los zamoranos en nuestro entorno natural. Somos una provincia sin la industria suficiente que consuma la energía que se produce y que de valor añadido en la manufacturación de toda la materia prima que extrae en el sector primario.
No nos damos cuenta de él, porque nos acostumbraron desde principios del siglo XX en que el PORVENIR de un “glorioso futuro” de desarrollo venía por la implantación de GRANDES CENTRALES HIDROELECTRICAS, con sus correspondientes embalses.

Así nos vendían el futuro, que nos alejaría del subdesarrollo y la pobreza del campesinado, de los habitantes rurales que no tenían servicios sanitarios ni educativos alguno, sin luz sin agua corriente, sin carreteras, incomunicados.
Nos consiguieron convencer cuando anegaban con agua las tierras mas fértiles, y pueblos enteros con los embalses, era para el bien nuestro y de la nación. Pues difundían la propaganda de la estigmatización del “paleto de pueblo”, de una “agricultura atrasada” que había que eliminar ante la fuerza del hormigón, y los sueldos con los que venían las empresas privadas privilegiadas por el Estado.

Pero mientras, se producía en las tierras y en los pueblos de los campesinos la energía que necesitaba las ciudades para crecer, sus casas seguían en las mismas condiciones. Con esta política de beneficiar a la burguesía y la nobleza afincada en las ciudades para que sus negocios tuvieran la energía de sobra para su expansión y crecimiento, haciendo así a favorecer la proletarización de los campesinos, que tienen que abandonar el medio rural para poder vivir en mejores condiciones que las que tenían.

Pero esta política devastadora siguen existiendo, cuando vieron que ya los ríos más importantes de Zamora, están colapsados con presas, destruyendo a su paso las riberas, y con ello, toda el medio natural encarnado en la flora y la fauna, ayudando peligrar especies protegidas que ahora están en riesgo de extinción, y la cultura tradicional en todas sus facetas. A cambio de prácticamente nada, pues la creación de empleo se realizó en el momento de la construcción, ya edificada la presa, el mantenimiento a penas necesita fuerza de trabajo.
Eso supuso que mucha gente dejase el trabajo agrícola peor remunerado durante la obra, aunque fuese más peligroso. Pues sólo tenemos que hacer una ronda por los pueblos que tienen cerca una presa, y todos contarán como se murió aplastado más de un vecino, durante la jera en la construcción de la central.

Estos campusinos en el momento de acabar la central, ya eran prescindibles, y ante el abandono del trabajo agrícola y que ya era muy difícil retomar y volver a empezar, se fueron muchos de ellos a otros puestos en la urbe, ofrecidos por la empresa o no, donde pudieran seguir viviendo con mas posibilidades.

Este fue un factor que ayudó mucho a la despoblación y la pérdida de empleo agrícola, a esto también se le debe sumar como al inundar las tierras mas fértiles y sus pueblos, se tuvieron que ir como bien a poblados preparados por el Estado, o sufrir la dispersión a otras localidades que le diesen mas oportunidades, las cuales, donde pudieran trabajar como obrero en una fábrica o en la construcción, etc. para las empresas de los empresarios que curiosamente se beneficiaban doblemente de toda esta política estatal depredadora y expulsadora de población y proletarizadora, con mano de obra más barata que suministrara más riqueza a sus necesidades de expansión capitalista protegida por el Estado, es decir con nuestros impuestos, y de paso, esta sociedad campesina proletarizada y urbanizada, alejada de sus medios de producción de subsistencia, se transformasen a la vez en población necesitada de consumo.
Pero aún no contento con esto, el capitalismo urbano necesitaba más, quería y sigue queriendo también la madera para sus necesidades, con este fin, promovieron una política de arrasamiento y tala masiva de carbayos y ancinas, especialmente en zonas como la sierra de la culebra, para después de lucrarse con esto, plantarla de pinos –un árbol foráneo-, para seguir explotando la tierra, degradándola mediante su acidificación y avance de los incendios forestales.
Con esta plantación masiva, se conseguía que su tala fuese mecanizada, con facilidad de transporte. Al ser una especie de rápido crecimiento, se aprovechase más rentablemente económicamente.

Con esto, prohibían el paso al ganado para carear en el terreno plantado, a lo cual, esto pueblos perdían tierra comunal para poder asistir a su pequeña ganadería de autosuficiencia.
Ahora mismo, la ganadería en muchos pueblos desapareció, ya ahora tiene vía libre total la administración autonómica en seguir plantando pinares en terrenos comunales, con la aquiescencia del ayuntamiento de turno, consiguiendo la desecación de las aguas fluviales subterráneas.

Habiendo explotado la tierra en estos aspectos, no contento la burguesía y el Estado quiere seguir aprovechándose energéticamente mediante la construcción de más centrales hidroeléctricas en ríos mas pequeños y más vírgenes, en lugares más de monte, con un medio ambiente más conservado y con especies protegidas en peligro.

No contentos, con la masiva producción energética inútil para esta provincia, pero gustosa para las empresas que la producen y la exportan a las grandes capitales, que siguen creciendo en base a la despoblación rural, de los trabajadores más rapaces. Encontraron el chollo de la producción energética eólica, que explota nuestros montes y montañas, con mayor valor ecológico. Ahora que las subvenciones se acaban para la creación de nuevos parques, se favorece económicamente a la energía solar, que destruye las tierras con sus bases de hormigón donde se coloca el panel, inutilizándolas para siempre, e incluso rompiendo la armonía paisajística arrasando lo que se interponga, con el permiso por las administraciones e intereses prevaricadores de funcionarios.
Esta es la sostenibilidad que se nos propone, que provincias desertizadas poblacionalmente, y excedentariamente inducida a peto por los poderes públicos. Seamos presa de buzaqueros –carroñeros- de recursos y materias primas, que gran parte de estos se pierde en el transporte eléctrico de cientos de kilómetros para llegar a los centros consumistas de las grandes ciudades, con sus enormes empresas, que cada vez crecen mas y con mas población.

Seguimos amenazados por la posible instalación del cementerio nuclear, pues algún día, tendrá que decidir el gobierno de turno donde se van a poner los residuos que se producen. En los 70, se empezó a construir una central nuclear, que se paró con la moratoria.

Hace pocos años, en el lugar donde se tuvo planeado la central nuclear, propusieron la empresa Iberdrola al gobierno la instalación de una central térmica cuya materia de consumo era el fuel y el gas. Este proyecto se paró y fue definitivamente excluido, por diversas razones, entre ellas, la desaprobación ciudadana y proximidad al parque natural Las arribes.

A pesar de la contaminación que supone este tipo de infraestructura, el ayuntamiento de la localidad donde se quería colocar, estaba de acuerdo, y daba la licencia para su construcción, en base a las mismas premisas repetitivas de los beneficios que podrían dar a su municipio en la creación de empleo, que no deja de ser cierto, que durante la construcción puede emplear a mucha gente, pero cuando se acabase, el empleo desaparecería, y quedaría el empleo turístico y agroambiental estigmatizado bajo la aureola del humo.

Se acepta de buen grado, que nos quieran ubicar un vertedero de residuos industriales, vendiéndonos los cargos de la Junta de Castilla y León los posibles beneficios que producen en la creación de empleo por una empresa privada que atraerá los residuos de otros lugares, pues la provincia es deficitaria de este tipo de despojos.

Ante todo esto, la burguesía zamorana y gran parte del funcionariado, invierten y manda a sus hijos a las grandes ciudades, donde estudiar, trabajar y definitivamente residir. Mientras ellos, se llenan sus bocas de preocupación por la despoblación y cacareando consignas de sus superiores de partido o gubernativos, que adormecen la conciencia trabajadora zamorana mediante promesas de inversiones en obras públicas –como las autovías y el tren de alta velocidad- o la promoción de campos de golf o turismo rural de señoritos y de cacería- pesca de alto standing, que las presentan como panacea frente al subdesarrollo.

Se atreven todavía a culpabilizar a la clase trabajadora de su falta de emprendimiento, y escasa natalidad. Cuando lo que está ocurriendo, es que prácticamente la mitad de la población rural zamorana es mayor de 50 años.

Esta clase social, se siente cómodo en su papel protagonista de cacique, prefiriendo ser correa de transmisión de los intereses de “sus jefes” urbanitas y no dejar prosperar ni invertir en empresa publica en esta provincia con tantas posibilidades de un desarrollo endógeno, respetuoso con sus características culturales y medioambientales. E incluso, dificultando la inversión a pequeñas sociedades empresariales, y autónomos que no son de su círculo, mediante una lentitud enfermiza de su burocracia gestora.

1 comentario:

el perné dijo...

MUCHAS GRACIAS POR PONER ESTE ARTÍCULO en tu web.
Puedes coger los quieras y que sean de tu interés, es así la mejor manera de darse a conocer, y conocerte.
Estoy a tu disposición.
O brigado, mueitas gracias.